22 de mayo de 2009

Sobre la censura...

Haciendo un recuento de lo sucedido en mi vida en los últimos meses, he llegado a la siguiente triste conclusión: viviendo en China, un país que para muchos representa el último bastión importante de la opresión política (los otros países, en su pobreza o poca importancia económica, le pasan en balde a muchos), he sido censurada más por mexicanos.
Desde mandar quitar videos, borrar comentarios, o peor aún, pedir silencio. Algunos fueron simples bromas que no le cayeron bien a todo mundo, otros fueron casos más serios. Todas estas acciones son insignificantes en lo macro, porque ni soy líder de opinión ni encabezo ningún movimiento. Con callarme a mí no se pierde ni gana nada. ¿O sí?
Irónicamente estas acciones me han hecho comprender el impacto que puede tener la voz de un individuo, alguien como yo que ni sale en la TV ni recibe un quinto por publicar su opinión. He ganado respeto más que rencores, y eso me basta. Más aún, confieso, he disfrutado el saber que mi voz tiene eco, así como lo tienen la voz de todos aquellos que no se callan, que en vista de la razón sus palabras también corren de un lado a otro.
Pero también hay palabras huecas que se pasan de oído a oído, de lectura a lectura. ¿A quién le corresponde escoger cuáles son unas y otras? Es un ejercicio personal que el lector tiene que hacer, pero para ello, necesita ser provisto de contrapeso. Hay lectores que lo buscan por naturaleza, porque dudan siempre de lo que ven (¡bravo por ellos!), pero hay otros que ya sea por elección personal o por falta de opciones, no tienen más que una visión del prisma. Creo que es responsabilidad de quienes puedan proveer este contrapeso, darlo, hacerlo público, sustentarlo y debatirlo.
No me gusta la provocación, y aunque siempre termino defendiéndonos enérgicamente (a mí y a mi punto de vista), en realidad me considero una persona de paz. Tampoco soy de las que ataca por atacar, ni critica por criticar. Quienes me conocen lo saben bien. Como también saben que, cuando tengo algo que decir, muy difícilmente me quedo callada, aunque a veces la decencia y la educación me estorben. Para fortuna de algunos, ya he dicho todo lo que tengo que decir... por lo pronto. Espero no ser la única.

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